Cuando más perdida
estaba,
y sobre un abismo de
duda,
quiso Dios que te
quisiera
y, con él como testigo,
yo te quise con locura.
Por fortuna, yo te
quise
y así endulzaste esta vida,
vida que creía acabada,
vida que hundida creía,
o que flotaba en mi
nada.
Sentía tan grande la
ausencia
de alguien que así me
amase,
que una vez que noté tu
presencia
quise amarrarte a mi
lado,
pues era imposible
dejarte.
Desarrollé mis sentidos
para oírte, verte y
tocarte,
olerte y saborear
cada una de las frases
que, mirándote a los
ojos,
tu me hacías pronunciar.
Contigo me sentí mujer
de cuerpo y mente
alabada,
pues era la primera vez
que a alguien me había
entregado
y que el todo por mí lo
daba.
Comprendías gesto por gesto,
palabra a palabra
escuchabas,
y jamás pusiste de manifiesto
que por habladurías de la gente
de oídas no me
apreciabas.
Así nuestro amor
sellado
con un beso en aquel
día,
en que menos era
esperado,
y aunque muy ansiado era,
hasta hoy perduraría.
Y aunque mil batallas
vengan
cargadas de un duro
acero
a romper los eslabones
unidos tan firmemente
e invisibles del deseo.
Me sostendré siempre en
pie
como aquella figura
hecha en barro
a la que diste su forma
moldeaste su silueta
la pasabas por tu mano.
Para que no me
abandones
removeré el firmamento
y te regalaré la luna
tan pálida, tan
cautiva,
espejo de sentimientos.
Que llora, si yo lloro,
que piensa mis
pensamientos
y que, a menudo se
esconde,
realmente asustadiza,
del azote de los
vientos.
Aquellos que soplan tan
fuerte
para esta llama apagar
pero ella es tan insistente
y sin hacer caso de
nada
muy viva perdurará…
Y cuando mis cenizas
vuelen
para viajar al otro
mundo
ni aún entonces, ni aún
entonces
yo te podre abandonar
y aunque Dios así lo
quiera
yo buscaré tu mirada
en aquella vida
desierta…
y aunque sé que no
estarás…
te amaré después de
muerta.
ROCS