jueves, 7 de marzo de 2013

Amar, amor


Cuando más perdida estaba,

y sobre un abismo de duda,

quiso Dios que te quisiera

y, con él como testigo,

yo te quise con locura.

 

Por fortuna, yo te quise

y así endulzaste  esta vida,

vida que creía acabada,

vida que hundida creía,

o que flotaba en mi nada.

 

Sentía tan grande la ausencia

de alguien que así me amase,

que una vez que noté tu presencia

quise amarrarte a mi lado,

pues era imposible dejarte.

 

Desarrollé mis sentidos

para oírte, verte y tocarte,

olerte y saborear

cada una de las frases

que, mirándote a los ojos,

tu me hacías pronunciar.

 

Contigo me sentí mujer

de cuerpo y mente alabada,

pues era la primera vez

que a alguien me había entregado

y que el todo por mí lo daba.

 

Comprendías  gesto por gesto,

palabra a palabra escuchabas,

y  jamás pusiste de manifiesto

que  por habladurías de la gente

de oídas no me apreciabas.

 

Así nuestro amor sellado

con un beso en aquel día,

en que menos era esperado,

 y aunque muy ansiado era,

hasta hoy perduraría.

 

Y aunque mil batallas vengan

cargadas de un duro acero

a romper los eslabones

unidos tan firmemente

e invisibles del deseo.

 

Me sostendré siempre en pie

como aquella figura hecha en barro

a la que diste su forma

moldeaste su silueta

la pasabas por tu mano.

 

Para que no me abandones

removeré el firmamento

y te regalaré la luna

tan pálida, tan cautiva,

espejo de sentimientos.

 

Que llora, si yo lloro,

que piensa mis pensamientos

y que, a menudo se esconde,

realmente  asustadiza,

del azote de los vientos.

 

Aquellos que soplan tan fuerte

para esta llama apagar

pero ella es tan insistente

y sin hacer caso de nada

muy viva perdurará…

 

Y cuando mis cenizas vuelen

para viajar al otro mundo

ni aún entonces, ni aún entonces

yo te podre abandonar

y aunque Dios así lo quiera

yo buscaré tu mirada

en aquella vida desierta…

y aunque sé que no estarás…

te amaré después de muerta.

ROCS

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario