Tumbada en tu lecho,
cual panal escogido,
dormitas…
y sueñas que escribo
cien mil maravillas
y percibo…
que anhelas un verso
sutil,
femenino,
como tú,
fragancia sincera de un
tibio pasado
para desterrar tu alma
a algún paraíso de
dulces palabras,
melodías combinadas por
el sentir sonoro
de quién creó el verso
para ser recitado por
un labio caliente,
vivo,
pausado
como esa miel en tus
ojos, mamá,
como la miel que
rezumas por los intrínsecos poros
de una piel ya
envejecida
por el paso de la
experiencia,
que aun permite la
arruga disimulada
por cálidas alegrías,
y ciertos amargos sinsabores
que retuercen sus
pistilos en el jardín de tus días,
pero tu sabes mimarlos,
mamá,
sabes deshacer el matiz
de lo oscuro con un acierto de sensatez,
de humildad,
de bondad,
sigilosa por el día,
susurrante por la noche
endulzas nuestro
presente,
das paso a nuestro
futuro,
riegas la raíz de los
que vendrán,
para ver
florecer una generación que refleje
quién fuiste en tu desconocido
pasado
bella reina del jardín,
miel en tus ojos, mamá.
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